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BOLETIN IPM |
Vol. 23 N0. 1
• De La Pluma Del Director (Victor Richards) • Pasos Para Llegar A La Promesa (Marcos Richards) • El Ayuno: Llave Para Moldear La Historia (Derek Prince) • Ganando La Batalla En Medio De Su Presencia • Mujer . . . ¡Sí Se Puede! (Paty Richards) • Principios De Intercesion (Lucy Sanchez) • Perdónanos... Como También Nosotros Perdonamos (Carol Martínez) VERSION PDF (3 MEGAS) VERSION FLASH (3 MEGAS) |
De La Pluma del Director Parece que el Nuevo formato de IPM/LE ha sido bien recibido por nuestros lectores. Sus correos y cartas felicitándonos nos han animado mucho. ¡Muchas gracias! Sin embargo, muchos de los que reciben el boletín no nos han avisado si desean continuar recibiéndolo o no. Favor de avisarnos cuanto antes o tendremos que cancelar su suscripción. Por otro lado tenemos que concentrarnos en la importancia de la intercesión. Lucas 18:1 empieza: "….les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar…". Luego Él cuenta la historia de la viuda y el juez injusto. La persistencia de ella logró la victoria sobre su adversario. Jesús entonces pregunta: "¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche? ….Os digo que pronto les hará justicia…". Para animarte en tus oraciones y para que no desmayes te comparto el siguiente testimonio de la historia de la iglesia. AVIVAMIENTO NACE EN UNA REUNION DE ORACION Era mediodía, el 23 de septiembre de 1857. Un hombre de negocios, alto, de edad madura, subió unas escaleras viejas hacia el tercer piso de una antigua iglesia en el corazón de la parte baja de la ciudad de Nueva York. Entró a un cuarto vacío, sacó su reloj de bolsillo y se sentó a esperar. Afuera de la iglesia el anuncio decía: "Reunión de oración de 12 a 1 p.m., detente por 5, 10 ó 20 minutos, o la hora completa según te lo permita tu tiempo". Parecía que nadie tenía tiempo para la oración. Al pasar los minutos el solitario asistente se preguntaba que si la reunión sería un error. Por casi tres meses el había estado invitando gente a asistir a la Antigua "Iglesia Holandesa North Church" en la calle Fulton. La iglesia estaba pasando tiempos difíciles. Muchos pensaban que debiera "tirar la toalla" pero los administradores determinaron quedarse hasta el fin y contrataron a Jeremiah C. Lanphier, un hombre de negocios para dirigir un programa de visitas. El dejó su excelente negocio para tocar puertas por un salario menor de 20 dlls. a la semana. Pocas familias respondían, pero Lanphier, desgastado y desanimado, disipaba sus angustias ante el Señor, tomando nuevas fuerzas de esos tiempos de oración. Entonces se le ocurrió la idea de que a los hombres les gustaría apartarse por un periodo de tiempo de oración una vez a la semana. Era un tiempo de prosperidad y materialismo, por lo cual pocas personas tenían interés en las cosas de Dios. Lanphier no sabía mucho acerca de tales cosas. Lo único que él sabía fue que los hombres desesperadamente necesitaban la oración. SEIS VINIERON A ORAR Su reloj señalaba las 12:30 cuando al final llegaron seis hombres y oraron por unos cuantos minutos. Esa pequeña reunión no tuvo nada de extraordinaria. Lanphier no tenía manera de saber que era el comienzo de un gran avivamiento nacional que llevaría aproximadamente a un millón de personas al reino de Dios. 20 hombres vinieron a su segunda reunión del mediodía la siguiente semana. El tercer miércoles fueron 40. Entonces Lanphier decidió convertir la reunión en un evento diario llevado a cabo en un salón más grande. Esa misma semana, el miércoles 14 de octubre, la nación fue sacudida por el peor pánico financiero en su historia. Los bancos cerraron, los hombres se quedaron sin trabajo, las familias experimentaron hambre. Ante la crisis, en corto tiempo la reunión había sobrecogido todo el edificio con multitudes de más de tres mil personas. Abogados y médicos, comerciantes y clérigos, banqueros y negociantes, manufactureros y mecánicos, porteros y mensajeros, todos vinieron. Y luego, el impulso de "la oración de avivamiento" fue lanzado de costa a costa. NUEVA YORK SE INCLINA EN ORACION. Al cabo de seis meses, diez mil hombres se estaban reuniendo diariamente en la ciudad de Nueva York para orar. En enero de 1858 había por lo menos otras veinte reuniones de oración, llenas hasta el tope, a través por toda la ciudad. En una ocasión un hombre llegó por equivocación a la reunión. Él estaba planeando asesinar a una mujer y después cometer suicidio. El escuchó cuando alguien externaba un urgente llamado al arrepentimiento. De repente sorprendió a todos cuando fuertemente exclamó "¡Oh, ¿Qué debo hacer para ser salvo?!" Uno de los seis que asistieron a la primera reunión de la calle Fulton fue un joven de Filadelfia (Pensilvania) de 21 años que luego inició una reunión de oración en su propia ciudad. El comienzo fue terrible con poca asistencia. Pero de repente hubo un cambio. El 8 de marzo de 1858, trescientas personas estuvieron presentes, dos días después, dos mil quinientas personas se abarrotaron en un auditorio mayor; había tantos que sillas tuvieron que ser acomodadas en la plataforma. En mayo una carpa fue montada, y en cuatro meses ¡cerca de ciento cincuenta mil personas habían orado dentro de esa carpa! Reuniones nacieron en otras partes de la ciudad. Se estima que hubo alrededor de diez mil conversiones en Filadelfia en 1858. Cuando el avivamiento estaba en auge por toda la nación, fue estimado que cincuenta mil personas se convertían por semana. Jeremías Lanphier es una inspiración a todos los obreros de la iglesia que se encuentran olvidados y sin aprecio por los hombres. Alguien escribió de él: "De aquella consagración solitaria al servicio de Cristo, ¿quién podía predecir lo que han llegado a ser los resultados?" La dedicación de Lanphier a la obra surgió solo después de una lucha y una total rendición a Dios. El testificó: "El asunto fue depositado en mi corazón, y fue un asunto a considerar constantemente por algo de tiempo. Por fin resolví entregarme a la obra, y nunca olvidaré con qué fuerza en aquel momento aquellas palabras llegaron para habitar en mi alma:" "Está hecha, la gran transacción ha sido hecha, soy de mi Señor, y El es mío; El me atrajo, y yo le seguí, Encantado de confesar la voz divina". Fin |
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